Esta semana se ha celebrado el juicio contra Javier Estrada, asesino confeso de dos niños hace tres meses en A Coruña.
El móvil, según ha declarado el acusado, fue la negativa de su pareja y madre de los niños a tener sexo con él. Sumado a que él quería tener su propio hijo y a sus posibles problemas de fertilidad el enfado de Javier creció hasta el punto de que los menores fueron quien lo pagaron con sus vidas.
A la mañana siguiente de la pelea con su pareja intentó enseñar a los niños en funcionamiento de un reloj de aguja. Este era sólo una de las tareas a las que acostumbraba a los niños, a quienes tenía todo el día estudiando sin posibilidad de ver la televisión o descansar. Los niños no supieron interpretar la hora y eso le bastó para calificarles de torpes y decidir que no merecían vivir. Les propinó una paliza mortal y colocó los cuerpos sobre la mesa de la cocina como si estuvieran durmiendo, mientras esperaba a la Policía.
Seguimos asombrándonos con la cantidad de noticias que a lo largo de las semanas estamos encontrando para publicar en el blog. Partíamos de la base de que se trataba de comportamientos aislados sin embargo cada vez encontramos más y cual más macabra.
Nos horroriza la violencia y la condenamos desde aquí, pero nos impacta más cuando se trata de niños quienes son objeto de ella.
Hemos querido destacar esta noticia porque se trata claramente de un caso de desadaptación social, aunque por la actitud del asesino en su declaración existen indicios que pueden indicar que exista una enfermedad mental, pero también para reivindicar este tipo de situaciones en las que los más desprotegidos son siempre los que terminan pagando las carencias de otros.
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